Inconsciente colectivo y la forma de la ciudad (del animal humano)
Las especies más solventes del
reino animal en la realización de arquitecturas suelen pertenecer al filum de los artrópodos: hormigas, abejas, termitas
o arañas construyen fabulosas y muy sensatas estructuras para cubrir sus fines,
con mayor sofisticación geométrica y complejidad diagramática que los nidos de
los pájaros o las presas de los castores. No es casual que se trate de animales
muy pequeños, pues la manufactura del
propio hábitat les permite exceder las limitadísimas capacidades de su cuerpo.
En eso son muy similares a los humanos: la tecnología es para el insecto
constructor no sólo un “refugio”; sino un auténtico sistema productivo esencial
para la supervivencia de cada individuo y de la comunidad. La existencia de las
hormigas es indiscernible del territorio que habitan y construyen, hasta el
punto de que éste llega a ser una extensión necesaria de su propio organismo. Muchos insectos son especies urbanas,
incapaces de sobrevivir sin el amparo de sus guaridas, que funcionan simultáneamente
como su vivienda, su fortaleza y su
fábrica.

