El proyecto que alentó a Nietzsche a escribir su magistral “La gaya ciencia”, el gay saber, era el de plantar cara al incipiente monopolio ejercido por el conocimiento técnico sobre el conjunto de los saberes humanos: frente a la segmentación y mecanización de la vida cotidiana resultante de la industrialización, el filósofo proponía un reencuentro con el caudal arcano, fabulatorio, vitalista y temerario que desde siempre ha recorrido las corrientes que irrigan indistintamente a la ciencia y la poesía, dominios cuya fatal escisión moderna ha cauterizado la plenitud del saber como actividad intuitiva, sentida, patho-lógica. Una prosa como la suya, que galopa a la velocidad del rayo a través de metáforas, aforismos y sentencias lapidarias, hará que muchos piensen que el libro no es más que la enésima boutade del chico malo de la metafísica occidental, pero bien leído se trata de un riguroso desmantelamiento de los presupuestos epistemológicos con los que operan aquellos que se afirman custodios de la Verdad. Lo que Nietzsche busca no es una puesta en valor bucólica y oscurantista del “pensamiento mágico” como barricada desde la que oponerse al imperio de la Academia, sino más bien firmar la tregua entre dos banderas que secretamente siempre han sido la misma: en su raíz, todo pensamiento es mágico. Busquemos la conciliación de Apolo y Dionisos: la Verdad no es arbitraje de los juicios, sino instrumento de placer y poder.
Mostrando entradas con la etiqueta objetos y procesos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta objetos y procesos. Mostrar todas las entradas
miércoles, 19 de febrero de 2014
Cifras y letras del pensamiento mágico
La narrativa arquitectónica como
gaya ciencia
El proyecto que alentó a Nietzsche a escribir su magistral “La gaya ciencia”, el gay saber, era el de plantar cara al incipiente monopolio ejercido por el conocimiento técnico sobre el conjunto de los saberes humanos: frente a la segmentación y mecanización de la vida cotidiana resultante de la industrialización, el filósofo proponía un reencuentro con el caudal arcano, fabulatorio, vitalista y temerario que desde siempre ha recorrido las corrientes que irrigan indistintamente a la ciencia y la poesía, dominios cuya fatal escisión moderna ha cauterizado la plenitud del saber como actividad intuitiva, sentida, patho-lógica. Una prosa como la suya, que galopa a la velocidad del rayo a través de metáforas, aforismos y sentencias lapidarias, hará que muchos piensen que el libro no es más que la enésima boutade del chico malo de la metafísica occidental, pero bien leído se trata de un riguroso desmantelamiento de los presupuestos epistemológicos con los que operan aquellos que se afirman custodios de la Verdad. Lo que Nietzsche busca no es una puesta en valor bucólica y oscurantista del “pensamiento mágico” como barricada desde la que oponerse al imperio de la Academia, sino más bien firmar la tregua entre dos banderas que secretamente siempre han sido la misma: en su raíz, todo pensamiento es mágico. Busquemos la conciliación de Apolo y Dionisos: la Verdad no es arbitraje de los juicios, sino instrumento de placer y poder.
El proyecto que alentó a Nietzsche a escribir su magistral “La gaya ciencia”, el gay saber, era el de plantar cara al incipiente monopolio ejercido por el conocimiento técnico sobre el conjunto de los saberes humanos: frente a la segmentación y mecanización de la vida cotidiana resultante de la industrialización, el filósofo proponía un reencuentro con el caudal arcano, fabulatorio, vitalista y temerario que desde siempre ha recorrido las corrientes que irrigan indistintamente a la ciencia y la poesía, dominios cuya fatal escisión moderna ha cauterizado la plenitud del saber como actividad intuitiva, sentida, patho-lógica. Una prosa como la suya, que galopa a la velocidad del rayo a través de metáforas, aforismos y sentencias lapidarias, hará que muchos piensen que el libro no es más que la enésima boutade del chico malo de la metafísica occidental, pero bien leído se trata de un riguroso desmantelamiento de los presupuestos epistemológicos con los que operan aquellos que se afirman custodios de la Verdad. Lo que Nietzsche busca no es una puesta en valor bucólica y oscurantista del “pensamiento mágico” como barricada desde la que oponerse al imperio de la Academia, sino más bien firmar la tregua entre dos banderas que secretamente siempre han sido la misma: en su raíz, todo pensamiento es mágico. Busquemos la conciliación de Apolo y Dionisos: la Verdad no es arbitraje de los juicios, sino instrumento de placer y poder.
lunes, 27 de enero de 2014
Historia del futuro de la arquitectura
) ) )
Un pronóstico ilustrado con imágenes del comic
“The
Private Eye”, de Marcos Martin y Brian K. Vaughan
( ( (
El porvenir: ¿promesas o sorpresas?
Aunque a nuestro “sentido común” ultramoderno le resulte
incomprensible, el Futuro ha sido un tema de interés muy limitado (o
directamente nulo) durante la mayor parte de la historia de la humanidad, pues la
concepción preindustrial del Tiempo era diferente a la que hemos heredado de la
modernidad. Así, hasta el siglo XVII la pregunta por el porvenir se reducía a
la previsión de posibles desastres naturales, la resolución de conflictos
bélicos y por supuesto la inquietud por las contingencias sentimentales: dado
que las grandes civilizaciones históricas basaban su ideología en la Tradición y se mostraban
reacias a cualquier cambio estructural importante, la concepción moderna del
futuro como potencia de variabilidad sociopolítica carecía de sentido.
La vida cotidiana de un campesino
era prácticamente idéntica a la de sus abuelos y sus nietos, la tecnología o la
medicina apenas variaban de una generación a otra, los grandes acontecimientos
sociopolíticos se eternizaban durante décadas (impensable a día de hoy una
guerra que dure cien años), y la construcción de palacios y catedrales se
prolongaba a menudo más que la vida de sus obreros. No se trata simplemente de
que los acontecimientos fuesen más lentos,
sino que el futuro se afrontaba como
mera prolongación lógica y continuista del presente, que por tanto no
debería reportar grandes sorpresas y que en ningún caso tendría por qué acarrear
grandes disrupciones históricas. El concepto de “destino” era ante todo moral, y las escatologías no figuraban un
Fin del Mundo poblado de robots y naves espaciales, sino como una proyección
futura prácticamente idéntica al presente: el
sentido de la vida no se medía con el porvenir, sino con la extemporaneidad
pura en la que se ubicaban los diferentes infiernos y paraísos. Ciudades
legendarias como Babilonia y Atlantis se ubicaban teóricamente en un
pasado ancestral inmemorial, pero en el fondo eran construcciones morales sobre
cómo la inercia del presente podría repercutir en el futuro (el rol de augurio moral y advertencia
sociopolítica que hoy en día cumple la ciencia ficción proyectada sobre el
futuro, en el mundo antiguo se proyectaba sobre el pasado remoto).
lunes, 14 de octubre de 2013
Circus Architectura
GRAHAN HARMAN vs. ARQUITECTURA SOCIAL
Una de las señas de identidad de
lo que está siendo el urbanismo español joven post-Lehman es sin duda su
inquietud por los procesos. El frenado en seco de la producción de proyectos a
partir del 2008 ha
situado en el centro de los debates la reconsideración de los agenciamentos
técnicos, económicos, legales y sociales que subyacían a lo que antes
evaluábamos simplemente como “edificios”, y cuya enmadejada trama de fuerzas y
agencias subyacentes se nos has desvelado abruptamente con el estallido de la
crisis. La objetualidad de la cosa-en-sí que
se contempla sincrónicamente y como unidad absoluta ha explotado en mil
conexiones de causas y efectos, empujando a casi todos los colectivos a
investigar la potencia de conceptos como el rizoma, el interface, la intersubjetividad
o el control panóptico, que desbordan ampliamente su comprensión
mediante la categoría del Objeto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



